La descripción de los Chicago Bulls campeones de la NBA 1991
- Andres Alarcia
- hace 3 días
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Actualizado: hace 2 días
En el libro “Las reglas de Jordan” de Sam Smith, detallan cómo era cada jugador y el diferencial que aportaba al cuadro de Chicago."Doce hombres de creencias y habilidades diversas" como definición general según Phil Jackson.

Foto Chicago Bulls 1991 NBA
Así los definen:
“Era una ciudad que, acostumbrada a la decepción y al fracaso de sus equipos, por fin podía inflar el plumaje y pavonearse un poco.
Will Perdue
Pocos estaban más limitados que Perdue, pero se había convertido en un jugador competente, una pieza importante del rompecabezas y ahora los aficionados de Chicago lo vitoreaban, quizá tanto por haber sobrevivido a las masas enfurecidas como por su contribución. Perdue era la pista de entrenamiento en la que todos los días se veían las marcas de los neumáticos del veterano pívot Bill Cartwright. Esa noche, sentado junto a Cartwright, le pegaba amistosamente en la cabeza y en los hombros mientras exclamaba:
“Esta, por los codazos en la cabeza, está por los codazos n la nariz, y está por los codazos n las costillas”
Luego, estaba Cliff Levingston, una pieza de recambio durante la mayor parte de la temporada que había demostrado su valía en los playoffs. Y Stacy King, el bullicioso chaval que había recibido lo suyo en una temporada decepcionante para él , y Armstrong y Dennis Hopson, quienes también habían sido la más fea del baile durante largo periodos de la temporada.
John Paxon, el veterano con aspecto de estadounidense medio, uno de los titulares peores pagados de la liga, había anotado cinco canastas seguidas en el tramo final del último partido. Cada vez que los Lakers se les acercaban, ahí estaba Paxson para convertir otro tiro decisivo.
Jordan, era la estrella que no ganaba títulos, según habían dicho de él durante años, y ahora no solo su quipo había vencido, sino que él personalmente lo había hecho a lo grande, de la manera que siempre había soñado: como el mejor jugador de la final, elegido por unanimidad.
Y Michael lo había conseguido contra su máximo rival, Magic Johnson, a quien los puristas del baloncesto habían considerado el ejemplo de todo lo que Jordan no era: un gran pasador, un gran compañero de equipo, un ganador. Pues ya no podían decirlo más.
Era el símbolo de su esfuerzo y debía estar cerca de él-trofeo-, por si acaso hubiese alguien que todavía lo pusieran en duda.
Jackson había pedido a sus jugadores que el grupo se reuniera una vez más, doce hombres de creencias y habilidades diversas. Había sido una temporada muy dura. Habían convivido desde el mes de octubre, habían compartido sudor y gloria, a veces tan compenetrados como gatos callejeros encerrados en una habitación, tan distantes, tan distantes como antiguos amantes.
Sin embargo, se habían ido haciendo unos a otros, habían aceptado los defectos de los demás y habían compartido el éxito de cada uno. Ninguno de ellos había llegado nunca tan lejos, y desde Scott Williams, el chico retraído, hasta Cartwright, el solitario orgulloso, en los ojos de todos podía leerse el alivio y la dicha. Jackson no quería que se les acabase nunca.
Tenéis que saber que muchos equipos campeones no vuelven a repetirse comenzó Jackson.”



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